Relato #historiasdelibros: Historias de juicios.

“Todo el que haya vivido este momento y diga que no le provoca miedo miente.

Su estrategia ha sido tan impecable que me ha dejado prácticamente sin margen de maniobra ni posibilidad de réplica. Miro de soslayo a mi cliente y noto su respiración ronca acompasada al latido que se ha instalado en mis sienes; es plenamente consciente de estar siendo dilapidado, incluso antes de que yo tenga la oportunidad de intervenir. Al punto se siente observado y se gira hacia mí lanzándome una mirada interrogante, suplicante. Esbozo una sonrisa a modo de respuesta en un intento de concentrarme y comportarme con normalidad, pero es incontrolable el torrente de sudor en mis manos. El ritmo del juicio impone el paso inmediato al plan B. Toca improvisar.

  • Es su turno, letrada.

Mi mente conserva su lucidez y me pide salir de allí a gritos, pero mi cuerpo no le responde, siento las piernas paralizadas. Me levanto, alisándome los pliegues de la falda con aparente parsimonia. Es inútil, ya no queda tiempo. Carraspeo antes de comenzar mi discurso:

  • Con la venia Señoría, debemos mostrar antes que nada nuestro desacuerdo con las afirmaciones realizadas por el compa… “

Julia … ¡Julia! Tenemos que bajarnos en la próxima parada ¡vamos!

Sobresaltada, cierro el libro de golpe, aunque no puedo evitar acariciar la cubierta durante unos segundos; al guardarlo en el bolso lo retengo otro tanto entre mis manos con un regusto de nostalgia: me cuesta separarme de la historia encerrada en estas páginas. Termino encogiéndome de hombros y la señal luminosa del vagón de metro me advierte que he llegado a mi destino.